Lo anterior se puede vislumbrar en las obras más representativas de Holmes, como “Estudio en escarlata”, “El signo de los cuatro” y “El valle del terror”. Asimismo, dicha ecuación también se puede aplicar a los mejores thrillers detectivescos concebidos por Agatha Christie y protagonizados por el sagaz Hércules Poirot.  No obstante, aún mucho tiempo atrás de la aparición literaria de “Estrella distante”, los thrillers y novelas detectivescas había sido sometidos a una serie de transgresiones, en las que no bastaba que la razón triunfara sobre la barbarie, tal es el caso de las novelas del Hard boiled, hardboiled o hard-boiled, subgénero literario de la ficción policíaca, aparecido en los años treinta del siglo XX en los Estados Unidos, en el que se trae a colación la extrema violencia, aberraciones sexuales y asesinatos escabrosos. En muchas de estas obras, los detectives son personas cínicas y sin escrúpulos que pese a resolver los casos que investigan, se deja una especie de insatisfacción o desazón, que no permite atar todos los cabos sueltos de las historias.  O también puede ocurrir que los casos no se resuelven de manera satisfactoria.  

También, como antecedente latinoamericano a la novela de Bolaños,  Jorge Luis Borges, el afamado escritor argentino, gran aficionado a las tramas detectivescas en las que los personajes se encuentran aprisionados en estructuras narrativas y espaciales en forma de laberintos sin salida (círculos también), hizo su propia transgresión del género con el relato “La muerte y la brújula”: el detective Lonrot pese a ser un racionalista en potencia, cae en la trampa del asesino al final de la narración y resulta muerto. Su arrogancia y exceso de confianza en la razón de sus procedimientos, son eliminados de tajo con su propia muerte.  Entonces, en ese orden de ideas, triunfa la barbarie sobre la razón y el método.

Por lo tanto, con la lectura del cuento de Borges, los lectores quedamos insatisfechos y abrumados tal como sucede con el desarrollo y final de “Estrella distante”, ya que Bolaño lleva el Hard boiled y las tramas detectivescas del autor de “Ficciones”, a sus máximas consecuencias.  Los cabos quedan sueltos, en cuanto al propio Wieder: ¿Qué lo impulsa a asistir a los talleres de poesía impartidos por Stein y Soto? ¿Realiza una labor de contrainsurgencia para detectar subversivos que luego eliminará? ¿Es un soplón de las fuerzas castrenses?  En ese sentido, el narrador en medio de su investigación –al recordar el pasado-no ofrece datos contundentes sobre los motivos iniciales que llevan al criminal, a participar en dichos espacios, todo cobijado bajo un manto de misterio. Es descrito como un autodidacta, introvertido, totalmente opuesto a su época flamante, acaparadora y megalómana, cuando hace sus piruetas en el aire, aumentando el enigma: “su actitud fue más o menos la misma que mantenía en el taller de Stein. Escuchaba, sus críticas eran ponderadas, breves y siempre en tono amable y educado, leía sus propios trabajos con desprendimiento y distancia y aceptaba sin rechistar incluso los peores comentarios, como si los poemas que sometía a nuestra crítica no fueran suyos” (Bolaño, 21).

Por lo tanto, en los capítulos siguientes, vemos el ascenso de Ruiz Tagle, ahora transmutado en Carlos Wieder, disfrutando de su fama de aviador-poeta en un juego colmado de sátiras e ironías, ya que sus obras efímeras en el cielo, son clasificadas como obras vanguardistas. Por tanto, es transgresor y satírico que un representante de la ultraderecha chilena realice este tipo de obras poéticas, máxime cuando fueron ejecutadas magistralmente por hombres que provenían de la izquierda política del país austral, como De Rohka, Neruda, Huidobro y Zurita.

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