Hay en la poesía de Manuel Cortés una sabiduría extraña que viene de la imagen hasta lo más hondo, consiguiendo que el poema se alimente de furtivos haces de luz que en cierta manera orientan nuestro camino de comprensión. El poema como objeto sensual se embarca en un viaje alucinado, donde una jungla verbal entrevera significados y significantes, y si aquellos centros de luz que descubrimos antes nos permite abrir una brecha para ver por los intersticios, pronto entendemos que estos están diseñados sobre vueltas y revueltas de obsesiones constantes donde la llave que nos entregan pocas veces abrirá la puerta. No hay salida, el círculo está cerrado.

Lenguaje delirante, incoherente a veces, donde las fiebres y las pesadillas marcan las lindes entre sueño y vigilia. Pero no es tanto el sueño como la obsesión del sueño: la Persistencia de lo onírico; no es tanto la vigilia como esa reflexión sobre la realidad que se enrosca en sí misma, cuya salida en una forma de estar adentro.

--Armando Romero


Nació en Rivera, Huila, Colombia. Ha publicado seis libros de poesía: Trazos al margen, Madrid, España; Prohibido fijar avisos, Madrid, España; Caja de iniquidades, Valparaíso, Chile; El espejo del otro, París, Francia; Aperitivos, Jalapa, México; Clic, Puebla, México.

 


Manuel Cortés Castañeda