la poesía aterrorizada y sus verdugos

Pareciera que los antólogos de la poesía escrita en Colombia, cuando hacen su selección sesuda y definitiva actúan con los mismos temores o fantasmas con los que actúan las víctimas habidas y por haber habidas de la-mafia-y-las-guerrillas. Lo que quiero decir es que los antólogos tienen miedo de ser pillados in fraganti en sus verdaderos propósitos o que sus “verdugos” les manden un ramo de rosas unos días antes de su muerte anunciada. Si no es así, entonces no podemos entender como es que siempre aparecen los mismos clientes o elegidos en las antologías, cuando no es que el ramillete incluido es tan grande que faltaría más de mil y una noches para poder recuperarse de tan mala digestión. Los unos pregonan un criterio riguroso de selección y esa cosa elitista que llaman el buen gusto para defender su mascarada; los otros simplemente se apoyan en las tesis de la globalización y el nuevo culto al feísmo.

Y no me valgan con la falacia de que es que no se puede respirar en un ambiente literario sin los santos consagrados de la tradición. Para se justos a la tradición poética en Colombia le quedan bien todas las pelucas y ninguna. Además no hay que olvidar que los poetas que cuentan no fueron ajenos a la duda que hecha por tierra todo culto exagerado a la tradición. Tampoco me digan para justificar sus temores que es que no hay nuevas y buenas voces poéticas en los tiempos que corren. Que los jóvenes hoy en día nacen atrapados en los pasillos de los nuevos mecanismos del ocio virtual. Excusas y más excusas que sólo son buenas para justificar nuestros propios pecados y temores.

Ya es tiempo de dejar en “paz” o de echarles una palada de tierra a los poetas nacionales por decreto o por resistencia e insistencia individualista. Y sobretodo a las patadas de ahogado de los nadaístas. Especialmente a esos que se amparan en la falacia de que ellos son imprescindibles porque fueron el último movimiento francés de vanguardia en América. Algunos todavía no hemos perdido del todo la fe y seguimos esperando una buena antología de la poesía escrita en Colombia. Hace poco recibí otra, entre las tantas que me mandan los amigos, de un renombrado poeta nacional y otra vez el corazón se me inundó de esperanza. Unas cuantas páginas y ya me había caído de bruces en la realidad nacional. Había incluido hasta el perro de la vecina. De verdad que dan ganas de tirarse a la cama y no levantarse nunca más. Unos que no salen de las mismas y con los mismos… y los otros que todavía se comen el cuento de que la poesía en Colombia rueda por las calles y que no hay papel suficiente para su fertilidad.

Que coca mas extraña, que confundan a la poesía con una fiesta de amigos o con los buses de transmilenio. Y si un poeta manda a acuchillar a otro poeta y pide que le lleven sus ojos en un cucharilla por no haber sido incluido en la lista de los inmortales, entonces ya no es tan difícil entender donde residen las verdaderas raíces de la guerra.

Una cosilla más: hay tantas antologías de la poesía colombiana en mi casa que he decidido convertirla en biblioteca e irme a vivir a la calle.


Manuel Cortés Castañeda