billete de lotería

Me tomó de la mano y en silencio me arrastró hasta la escalera que da al corral, que un día construimos para el perro que nunca acabó de llegar… la buena fortuna es una moneda invisible que nos cae en la mano sin que nos demos cuenta…

Se desnudó como si sus manos recibieran órdenes de un desconocido, y me desnudó como si osara en lo más íntimo de una tierra húmeda y febril… yo me deje hacer ensimismado y devoto…

Llovía intensamente y los relámpagos cada vez mas cerca nos convertían en pedazos indiferentes que flotan en la nada de un sueño imposible…

Los árboles se inclinaban obedientes a la caricia del viento como si quisieran agarrarse los pedazos de su cuerpo desnudo que de momento volvían a encontrarse y a reconocerse en las islas de claridad que los relámpagos dibujaban en la negrura…

Reía a carcajadas y me metía los dedos a millares en el cuerpo como si buscara las llaves de su propia intimidad…

Lenta, sus ojos clavados en los míos como dos brasas eternas, bajó dos o tres escalones y se puso en cuatro patas su cuerpo ligeramente inclinado al infinito…mi cuerpo entero ardía como una hoguera….

Me le subí en las ancas como un niño delirante que monta su bestia por primera vez, y la penetré sin misericordia hasta que gotas de sangre brillaron en la oscuridad y los árboles se retiraron avergonzados, y la tormenta y los relámpagos se callaron sin saber a donde…

Ahora cada vez que en el cielo se anuncia una tormenta me dirijo como un sonámbulo al lugar de los hechos donde todavía la sigo penetrando y vuelvo y la penetro, hasta que la bestia ya no puede mas y se echa sobre los despojos de la noche que rueda por la escalera, peldaño tras peldaño, buscando la última gota de su intimidad…